Jueves, 27 de mayo de 2010
TELEVISION › LO QUE QUEDO DEL CAPITULO FINAL DE LOST
El último secreto de sus ojos
Tras una maratónica velada que arrancó el martes a las 20 por AXN, con un repaso de la vida de los protagonistas y los misterios del programa, los fans argentinos se enfrentaron al final de la criatura de J. J. Abrams. Hubo emoción, pero quedaron enigmas sin resolver.
Por Facundo Gari
El dramatismo de los violines hace de un vertiginoso tobogán de emociones. Allí va Jack, ese héroe inquebrantable, que no es más que un tipo ordinario empecinado en arreglarlo todo, ese que hace seis años corrió entre fuselajes destrozados para ayudar a los 48 sobrevivientes del accidente del vuelo 815 de Oceanic Airlines en una isla del Pacífico sur; va a reposar en el mismo sitio en el que Lost comenzó, el del primerísimo plano de su ojo derecho. Pero esta vez no son otros los que están rotos, sino él. Acaso para que aprenda que no era cierta su prédica, “live togheter, die alone”, Vincent, el perro de Walt, vuelve a descubrirlo, como en el primer episodio, entre bambúes. Y Jack sonríe, parece recuperado. Porque los ve, porque las puntas se unen y ahí están Hurley, Locke, Sayid, Claire, Charlie, Kate, Sawyer, Rose y Cía., en otro lugar sin lugar y tiempo sin tiempo. Ese Jack, sentado en un banco de iglesia, también sonríe. De la misma forma que, minutos antes, lo hace Juliet cuando descubre a James en el hospital y, finalmente, se comprende el balbuceo de ella en el primer capítulo de la sexta temporada. Es que Lost es (fue y será) binario y cíclico: el bien y el mal, la verdad y la mentira, la vida y la muerte, el pasado y el futuro, una procesión de un lado a otro de estos presuntos opuestos. Y también lo es (fue y será) hacia afuera, como lo evidencian Fringe (también producida por el gurú J.J. Abrams) y Flashforward: por estatuto y fundamento, hay (hubo y habrá) un Antes y un Después. Francis Fukuyama no tiene razón.
Es un cuchillazo en las tripas propinado por el Falso Locke o Flo- cke (curiosamente, Flocke es el nombre de una ¡osa polar! nacida en cautiverio en el Zoológico de Nuremberg, Alemania, con perdón por la apofenia) el que termina con la vida del cirujano, previa muerte del hermano de Jacob por un escopetazo de Kate. Y habrá sido la sensación que atravesó al séquito de peregrinos frente a la pantalla (sólo en Estados Unidos, fueron más de 13 millones): “The end” es el nombre del último episodio de la serie más controversial de los últimos tiempos, 104 minutos orgásmicos que en el Norte se estrenaron el domingo pasado, por la cadena ABC, y en Argentina el martes por la noche en una maratónica velada que arrancó a las 20 por AXN, con un repaso de la vida de los protagonistas y los misterios del programa. Habrá que incluir, en las cifras de rating nacional e internacional, a los miles de fanáticos que descargaron el capítulo desde Internet, tal vez la misma noche del estreno, para ver entre lágrimas –pero sin sollozos que despertaran al concubino desafectado por la pandemia– las imágenes amarillentas que recuperaban lo perdido en el no-lugar/no-tiempo (entre tantas, la de Terry O’Quinn con una naranja cual protector bucal se lleva los laureles en el emotivómetro).
Y sí, finalmente estaban muertos, como había deslizado Richard Alpert en “Ab Aeterno”. Pero lo estaban sólo en ese preludio al ¿Paraíso?, primereado como “realidad alternativa” (por el recurso denominado flashesideway). Ni consecuencia del accidente inicial ni del estallido de la bomba de hidrógeno en “The incident”, donde sólo muere Juliet. Los decesos de los demás “losties” no están necesariamente vinculados con sus destinos en la isla: de entre los “candidatos”, Hurley ocupa el lugar de Jacob, que fue de Jack por menos de un día; Claire, Miles, Kate, Lapidus, Sawyer y Alpert escapan en el avión de Ajira Airways; y váyase a saber lo que le ocurre a Desmond, responsable de vulnerizar a Flocke, volverlo mortal y evitar así la transformación de éste en el temido Humo Negro.
Muchos enigmas quedan sin resolver, pues los productores y guionista Damon Lindelof y Carlton Cuse pusieron el eje en los personajes, en el camino de redención de los “losties”, antes que en resolver la incidencia del efecto Casimir y los conejos numerados, la estatua con cuatro dedos, los viajes en el tiempo o la secuencia numérica 4, 8, 15, 16, 23, 42 (que sin embargo fue explicada en “The Lost Experience” como una “fórmula matemática diseñada para predecir el fin de la humanidad”, según Lostpedia). “Hay algunas preguntas que son muy agradables e interesantes de hacer, y hay otras que no tenemos interés en responder. Lo llamamos el ‘debate midicloriano’, porque en cierto sentido, explicar algo místico lo desmitifica”, había alegado Lindelof. Y da en el clavo: en buena parte, el éxito del programa estuvo en su fuerza mítica, intra y extra diegética.
Lost se acabó. Y es inacabable e inabarcable. Porque además de una nueva forma de consumo y de marketing viral, una estructura narrativa envidiable, un puñado de personajes entrañables y 121 episodios coleccionables, la criatura de Abrams es una síntesis perfecta entre realidad y ficción. Con tanta historia, ley, profecía, lírica y sabiduría encima, ¿cómo no pasar cuadro a cuadro Cloverfield o esperar con ansias el estreno de Super 8, dirigida por Abrams y producida por Steven Spielberg, o ver con detenimiento los Misterios del Universo? ¿Cómo evitar creer en la existencia de un Jacob elector, mientras Fito Páez entonaba ese enorme Himno Nacional, entre los miles de asistentes a la 9 de Julio? ¿Cómo no revisar los números del boleto del colectivo o el código de barras de cada producto en casa? ¿Cómo no buscar conspiraciones y organizaciones secretas en las páginas de los diarios sensacionalistas en busca del logo de Dharma? ¿Cómo no pensar que en algún lugar del mundo está Desmond apretando, una y otra vez, un botón para salvar el mundo?
Ya el “pastor cristiano” abre las puertas de la iglesia y la luz entra y lo inunda todo. Ya el ojo derecho de Jack relampaguea y se cierra. Será cuestión de recordar. Y dejar ir.
jueves, mayo 27, 2010
jueves, marzo 04, 2010
Alicia en el País de las Maravillas
Estados Unidos
Dir: Tim Burton
Walt Disney Pictures
108 min.
Aventura/Fantasía
A poco de cumplir 20 años, Alicia (Mia Wasikowska) se encuentra en un momento crucial: debe decidir quién es y qué quiere para su vida. En medio de esta montaña rusa de emociones, la curiosa joven sigue nuevamente al Conejo Blanco a través de la madriguera y emprende el retorno al País de las Maravillas, un mundo de fantasía donde encontrará las respuestas a estos interrogantes.
Una vez más se reúne con los excéntricos personajes que había conocido cuando niña, como el Sombrerero Loco (Johnny Depp), los mellizos Tweedledum y Tweedledee, la oruga que fuma y el Gato de Chesire. En una realidad bastante diferente a la que había conocido diez años antes -más oscura y con dragones y espadas incluidos-, la soñadora Alicia es guiada por sus amigos en el tránsito hacia la madurez. Juntos, y siguiendo imposibles reglas lógicas, intentan ponerle fin al reino de terror impuesto por la Reina Roja (Helena Bonham Carter) y restablecer el poder a la Reina Blanca (Anne Hathaway), compartiendo una experiencia sin igual.
El director Tim Burton (“Charlie y la fábrica de chocolate”, “El extraño mundo de Jack”), fiel a su propuesta estética, derrocha imaginación en esta recreación de los geniales libros escritos por Lewis Carroll, “Alicia en el país de las maravillas” y “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”, en un despliegue visual impresionante. Una superproducción en 3D que desborda creatividad, entretenimiento y mucha fantasía.
(Publicado en Revista Planetario, la guía de los chicos)
martes, febrero 23, 2010
Biblioteca Billiken
No recuerdo qué estaba haciendo anoche exactamente; sólo sé que en un momento mis ojos lo descubrieron, tímido, asomando su desgastado lomo, casi como si no quisiera ser visto. De repente sentí una inexplicable atracción y lo agarré. Se notaba que era una edición vieja; estaba unido con cinta scotch y la tapa estaba gastada, aunque no tanto como para no poder leer su título: “La Isla Misteriosa”, de Julio Verne. Ahí nomás sentí que todas mis lecturas de infancia se hacían presentes en mi cuarto, y me rodeaban de aventuras, romances, magia. Recordé la fascinación que me causaban esas historias cuando daba mis primeros pasos en el mundo de la literatura: mis comienzos se vieron acompañados, como el de tantos otros lectores, por la ficción de Emilio Salgari, Stevenson y, por supuesto, Verne.
Tomé el libro y comencé a hojearlo. Hace poco tiempo que lo tenía en mi biblioteca; llegó como herencia de mi abuela y ni siquiera recordaba haberlo visto. El olor a humedad era abrumador, lo cual me entusiasmó más. Las páginas amarillentas me invitaban a devorarlas con la vista. Pensé que era muy afortunado ese encuentro, ya que hace rato quería disfrutar de una lectura amena y entretenida, como seguramente sería este libro. De pequeña había recorrido “20 mil leguas de viaje submarino” junto al Capitán Nemo, y me había aventurado en sitios remotos junto a “Los hijos del Capitán Grant. ¡Pero nunca había terminado la trilogía! Y ahí lo tenía: el tercer libro, el cierre de ese viaje cargado de aventuras. Llegó unos cuántos años más tarde, unos 20 más o menos, pero llegó al fin.
Dejé lo que fuera que estaba haciendo y me dediqué a sumergirme en la presentación de los personajes, en el devenir secreto del relato, en la maravilla de la ficción. Dediqué algunas horas de la noche y un rato más en la mañana para terminar de deleitarme. Algo muy agradable me pasó: volví a sentirme feliz y ansiosa como cuando era chica y leía estas novelas. Reviví aquellas tardes calurosas en Corrientes, mientras todos dormían la siesta "obligatoria" y yo me escapaba hasta el living, donde me sentaba en la mecedora, abría un libro y me transportaba a otro mundo. O cuando ya era muy tarde a la noche y los ojos no resistían unas líneas más, pero era tanta la curiosidad por saber qué le ocurriría a los protagonistas o cómo sería el desenlace de ese capítulo que continuaba leyendo, aunque fuera a escondidas de mi mamá que me pedía una y mil veces que apagara la luz y me durmiera de una vez.
Estas cosas pasan por algo, creo. Este libro me llamó y celebro el reencuentro.
Estas cosas pasan por algo, creo. Este libro me llamó y celebro el reencuentro.
lunes, febrero 22, 2010
al mismo tiempo
... Y fue ahí que ¡bum! se apareció en mi mente la historia de la vieja de las vías del tren de Caballito, una noche de noviembre, trasnochados, borrachísimos los dos, caminando por Avenida Rivadavia hasta que llegamos a la vía; no sé cuál estación era pero nos sentamos a seguir “charlando de la vida” como siempre... y, un rato después, como de ningún lugar, y como de todos los lugares al mismo tiempo, apareció aquel delirio de personaje, María se llamaba, cuidando a sus perros y gatos, todos tan vagabundos como ella misma. Y ahí nomás nos acercamos y nos pusimos de grandes charlas y mates, etc... nos mostró su guarida, que era el refugio más extraño del mundo. Mientras tanto, el alba ya despuntaba y el diablo, según nuestra anfitriona, se hacía presente a diario a esa hora, atormentándola, con lo cual decidimos retornar a nuestro mundo “real” para llevarnos por siempre ese sabor bizarro que nos dejó esa experiencia. En fin, verás que me acordé de ese episodio de nuestras alguna vez adolescentes, emocionantes y desbordadas vidas. Quizá acudan más momentos buenos a mi memoria, por ahí solo es cuestión de tiempo, buena predisposición, una pizca de melancolía y ansias por recuperar esa dicha que llenaban nuestros mundos y sus días. Y las noches.
miércoles, febrero 17, 2010
Menos mal!
BBC NEWS - Thursday, 5 November 2009
Feeling grumpy 'is good for you' | |||
In a bad mood? Don't worry - according to research, it's good for you. An Australian psychology expert who has been studying emotions has found being grumpy makes us think more clearly. In contrast to those annoying happy types, miserable people are better at decision-making and less gullible, his experiments showed. While cheerfulness fosters creativity, gloominess breeds attentiveness and careful thinking, Professor Joe Forgas told Australian Science Magazine. 'Eeyore days' The University of New South Wales researcher says a grumpy person can cope with more demanding situations than a happy one because of the way the brain "promotes information processing strategies".
Next he asked them to take part in a series of tasks, including judging the truth of urban myths and providing eyewitness accounts of events. Those in a bad mood outperformed those who were jolly - they made fewer mistakes and were better communicators. Professor Forgas said: "Whereas positive mood seems to promote creativity, flexibility, co-operation and reliance on mental shortcuts, negative moods trigger more attentive, careful thinking, paying greater attention to the external world." The study also found that sad people were better at stating their case through written arguments, which Forgas said showed that a "mildly negative mood may actually promote a more concrete, accommodative and ultimately more successful communication style". His earlier work shows the weather has a similar impact on us - wet, dreary days sharpened memory, while bright sunny spells make people forgetful. We asked you for your views on this story. Please find a selection of your comments below. Halleluiah! I intend to show this to everyone who's ever branded me with various epithets for being "negative". Marcy Sheiner, USA Being grumpy raises my blood pressure and I usually make wrong decisions when I am grumpy. I usually sleep on it, relax and then make a decision which is usually the correct decision. I don't like grumpy people and I usually avoid them. Iftikharuddin Faruqui, Pakistan Absolutely right. There is certainly no point that I can see in viewing the world through rose-coloured spectacles. Anybody who wanders through life in a continuous state of bonhomie either has no idea what's going on around them or simply doesn't care! All my close friends are similar in temperament. We would inevitably consider those who do not fit the criteria to be shallow and lacking in perception. And yes, I am still at peace within myself for all the reasons stated in the article. Dave Gordon, Exeter, UK I am generally a very grumpy person, but I have definitely noticed my decision making and general awareness is far higher than that of my friends who are normally much happier, jollier and generally carefree. I love being grumpy, it's clearly an advantage! David James Keeves, Loughborough, UK Ah! This study provides a plausible explanation of Schopenhauer's philosophical clarity and superb prose. And yet, paradoxically, the Great Grump has had a more profound influence beyond philosophy, in the realm of all those cheerful, creative artists. Cheryl F, South Kingstown, Rhode Island, USA I find I am happier when I am just a little grumpy. The grumpy feeling seems to aid me in concentrating on menial tasks. Maybe in this stressful modern era a touch of grumpy is all that's needed rather than anti-depressants and other drugs. Derek Penn, Falmouth, Cornwall, UK As a self-confessed misery, I work on the premise that "misery is the thinking man's happiness". With misery comes a distinctive humour and a more realistic outlook on life, that actually makes me a more rounded and "real" person than those around me with a painted smile on their faces. I enjoy being grumpy and wouldn't have it any other way. Dave Woods, Coventry, UK Could it not also be argued or proven, possibly, that making decisions while grumpy can lead one to make rash decisions? Or is that only when you're angry - since angry and grumpy are not the same thing? Parker, Louisiana, USA I'm often identified by friends as someone who can be pessimistic, sometimes without any real reason. I also tick the box of sceptic - which I guess goes under the category of being less gullible. I won't say any more about my intelligence for fear of immodesty! Chris Baker, Southampton, UK I work with the grumpiest man in the world and he doesn't seem to be any more clever than me! Gary, Watford, UK Being grumpy or depressed goes hand in hand with thinking. When you're continually happy you can just skim along on the surface of life and not examine anything too deeply. Which is cause and which is effect, I don't know. Amanda, Ely, UK | |||
miércoles, febrero 10, 2010
martes, noviembre 17, 2009
Celebración de la fantasía
Fue en la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cusco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía porque la estaba usando en no sé qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.
Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujará bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quien una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón.
Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparado que no alcanzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:
-Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima-dijo.
-¿Y anda bien?-le pregunté.
-Atrasa un poco- reconoció.
El libro de los abrazos, Eduardo Galeano.
Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujará bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quien una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón.
Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparado que no alcanzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:
-Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima-dijo.
-¿Y anda bien?-le pregunté.
-Atrasa un poco- reconoció.
El libro de los abrazos, Eduardo Galeano.
miércoles, octubre 14, 2009
A colaborar!
La revista Mundo Relieve es la única publicación en braille para niños ciegos del país (y una de las pocas de América Latina). Tiene salida bimestral y se distribuye gratuitamente en todos los rincones de Argentina ¡y del continente! Como aún no contamos con subsidio del gobierno... ¡el número 1 salió todo a pulmón!!! Y ahora estamos buscando colaboraciones para sacar el número 2. Por la módica suma de $15 (cada dos meses), cada colaborador estaría ayudando a dar un paso más para continuar con este proyecto social.
¡Muchas gracias y esperamos tu aporte!!
jueves, septiembre 24, 2009
Por la Ley de Medios
Los abajo firmantes apoyamos la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual porque entendemos que la actual concentración de medios de comunicación en manos de monopolios privados cercena el derecho a la información de nuestra sociedad, avasallando una de las conquistas más importantes y colectivas de la democracia, como es la libertad de expresión, en nombre de la defensa de sus intereses particulares. También entendemos que los binarismos no sirven para llevar adelante un debate productivo sobre esta ley fundamental, porque es una ley que trascenderá a los mismos actores en disputa. Ni el Gobierno ni la oposición ni las empresas monopólicas tienen las mismas responsabilidades, frente a una creciente demanda social de reforma del sistema de medios audiovisuales.
Porque más allá del contexto en que el debate se produce -originado en parte por los intereses que afecta el proyecto de ley- es inaceptable que la comunicación audiovisual siga regulada por una ley que, impuesta bajo la dictadura, cuenta hoy entre sus defensores a entidades como ARPA y ATA, que en ese momento eran parte de la autoridad de aplicación, y que hoy se envanecen en nombre de "la libertad". Porque es necesario incorporar la mayor cantidad de gente posible, a través de organizaciones intermedias, a la gestión de los medios y de sus contenidos, y que el Estado garantice una mayor pluralidad, a través de los canales institucionales amparados en la Constitución Nacional y no por intermedio de los intereses económicos de los particulares que, en nombre de la libertad de expresión, aprovechan su desregulada participación en el mercado para manipular la información a los fines de preservar su poder económico y político.
En ese sentido, entendemos al proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual como una oportunidad histórica de fortalecer la democracia, tanto en lo que respecta a sus instituciones como a las posibilidades de participación. Desmonopolizar mejora la calidad de vida democrática porque impide que un solo actor determine la agenda de la conversación pública liberando también a los trabajadores de esos medios monopólicos de las garras de un solo patrón. A su vez no hay democracia posible si los poderes que de ella surgen no garantizan una pluralidad de voces real, que dé cuenta de la polifonía de una sociedad que requiere de la participación de todos sus actores. Libertad de expresión entendida como participación pública de toda la sociedad, de un Estado que la garantiza, y no como construcción comunicacional de los negocios y acuerdos que se hacen puertas adentro. Una ley que garantiza mayor transparencia en la producción y circulación de contenidos, que la ley que nos legó la dictadura y aún hoy sufrimos.
Esta Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual será una Ley de la Democracia, fruto de dos décadas de debates, celebrados en foros, universidades nacionales y entidades de bien público que entienden al derecho a la información libre, plural e independiente como un paso más en la mejora de la calidad institucional y política de una sociedad. A 26 años del fin de la dictadura cívico-militar, se impone la necesidad de revalorizar la libertad de expresión en nombre de los intereses colectivos. Una ley que abra la posibilidad de convertir a la información en un bien público y no en un negocio que ha demostrado responder no sólo a la remanida libertad de empresa, sino a la imposición de políticas y agendas propias de un totalitarismo de mercado que se sustenta en la desinformación y la manipulación de un derecho adquirido por la sociedad en su conjunto.
Quienes suscriban pueden subirla a su blog o espacio en Facebook y agregar la firma al pie.
Santiago Álvarez – Karina Arellano – Martín Armada – Mario Arteca – Lucía Bianco – Eduardo Blaustein – Leopoldo Brizuela – Sonia Budassi – Romina Calderaro – Mariano Canal – Alejandro Caravario – Fabián Casas – Natalia Castex – Pablo Chacón – Enrique Colombano – María del Carmen Colombo – Paulina Cossi – Juan Desiderio – Lucía De Gennaro – Cecilia Di Genaro – Facundo Di Genova – Cecilia Di Gioia – Gabriel Di Meglio – Cecilia Díaz – Magdalena Diehl – Santiago Diehl – Mariano Dios – Ricardo Dios – Elsa Drucaroff – Patricio Erb – Mariana Enriquez – Wally Farías – Andrés Fidanza – Horacio Fiebelkorn – Daniel Freidemberg – Romina Freschi – Martín Gambarotta – Griselda García – Alicia Genovese – Hernán Gerschuny – Nancy Giampaolo – Ernesto Golomb – Eva Grinstein – Mercedes Halfon – Mariano Hamilton – Ezequiel Hara Duck – Sebastián Hernaiz – Alejandro Horowicz – Claudio Iglesias – Juan Diego Incardona – Alfredo Jaramillo – Jorge Jaskilioff – Gerardo Jorge – Pablo Katchadjian – Violeta Kesselman – Marina Kogan – Katza Kumik – Ángela Lerena – Alejandro Lingenti – Joaquín Linne – Pablo Llonto – Gustavo López – Marina Mariasch – Fabián Mauri – Mariano Melamed – Alejandro Méndez – Sebastián Mignogna – Ignacio Molina – Sebastián Morfes – Clara Muschietti – Carlos Musfeldt – Fernanda Nicolini – Martina Noailles – Adrián Paenza – Daniel Pasik – Luciana Peker – Fernanda Pérez Bodria – Javiera Pérez Salerno – Paula Peyseré – Federico Piedras – Adela Ponce de León – Sol Prieto – Sergio Raimondi – Damián Ríos – Ana Laura Rivara – Martín Rodríguez – María Laura Romano – Carlos Romero – Javier Romero – Alejandro Rubio – Diego Sánchez – Esteban Schmidt – Federico Scigliano – Sebastián Scigliano – Alejandro Sehtman – Damián Selci – Mónica Sifrim – Juan Terranova – Natalia Vaccarezza – Hernán Vanoli – Diego Vecino – Noelia Vera – Franco Vitali – Gabriela Vulcano – Alejandro Wall – Ana Wortman – Marina Yuszczuk – Pablo Zarfati – Claudio Zeiger – María Esperanza Casullo - Juan Pablo Mansilla - Juan Ignacio Zaccagnino - Fernando Casasco - Francisco Leal - Alejandra Casal
miércoles, junio 03, 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

